Partida de Malaysia a Nueva Zelanda
     fue un salto de Melaca malayo y su calor de treinta grados, de día y de noche, hasta diez grados en una primavera adelantada en Wellington, donde aterrizamos. Era fìn de mes de septiembre a octubre de ano 2001, a un mes y unos días de nuestro viaje hacia el Lejano Oriente. Lejos para nosotros - los europeos. Estabamos emocionados de ir a Nueva Zelanda . Se trataba del destino principal de nuestro viaje de un año.

     Una escala de un mes en Java, Sumatra, Singapur y Malasia nos puso en un buen estado de ánimo y nos diò entusiasmo de viajes. El hecho de que gastamos casi todo nuestro presupuesto del viaje en esos países calurosos y bochornosos, no nos perturbo en absoluto. De todos modos, no fue tanto, pero eso era relativo, por que no teníamos ni idea, cuando regresariamos. Sin contar los boletos de avion, fue un gran escala mensual por 700 USD, sin embargo. Sólo en Wellington, después de un tiempo de bagar sin remedio por los pasillos del aeropuerto, finalmente hicimos cuentas de cuanto dinero, nos quedo realmente. Juntamos la increible cantidad de cien dólares.
 
     De cualquier modo, el viajar por Asia sudeste nos afino de la mejor manera, nuestro desafio linguistico se estaba convertiendo en una gran prueba, por lo que no teníamos miedo de ningún tipo de problema. No subestimamos a nuestras habilidades lingüísticas y empezamos a aprender Inglés tan pronto como una semana antes de nuestra salida de Malasia a Nueva Zelanda. Todos los días de la ultima semana en Melaca, fuimos a los jardines del Palacio Real para estudiar arduamente. Sobre todo yo, todo el tiempo inventando una manera fácil y rápida para aprender Inglés con fluidez dentro de una semana. Yo casi lo logre, si Evicka no huviera estado siempre distrayendome con su extraña forma de aprendizaje y vocabulario nuevo o repetiendo varias formas verbales etcetera...
 
    No hemos tenido ningún problema de comunicación durante de todo el mes de viaje hasta ahora. Después de una semana de este curso intensivo, nada nos puede desconcertar, seguramente. Aún aborigenes que no hablaban ingles nos entendieron, entonces no hay ninguna razón para que no deberíamos ser capaces de comunicarse con los Neozelandeses ahora! Ellos deben saber perfectamente su idioma, sin embargo. Equipado con el conocimiento de la conjugación de los verbos "ser" y "tener", los nombres de los números cardinales y los días de la semana, nos levantamos al día de nuestra partida muy temprano. Tan temprano como a las diez de la mañana! 
 
     Empacamos nuestro equipaje con calma, salimos camino a la estacion y alrededor del mediodía nos dimos cuenta, que el autobús a Johor Bahru - frontera con Singapur - salía en unos minutos. Perfecta sincronización. En el autobús, sólo nos aseguramos, que la distancia a Johor Bahru, nuestro entronque, no fuera más de 250 km. Había un montón de tiempo hasta el momento de registrarnos en el aeropuerto de Singapur a partir de 5.30 PM.

     Estamos listos en la linea de control para el pasaporte. El nerviosismo comenzó a entrar ligeramente a las cinco y media cuando nos moviamos del punto de control, al sitio de taxis mas cercano. En ese momento, inconcientemente nos dimos cuenta, que pasar la noche en Singapur - con un cheque de viajero, con exactamente el dinero para pagar un taxi y con los boletos de avion vencidos, no era precisamente el mejor comienzo para nuestro viaje.

     Con nuestros ojos bien abiertos y el campo de vision un poco limitado encontramos el camino hacia la estacion de taxis. El camino estaba bloqueado por barreras de hierro, que saltamos alegremente y sólo le hicimos una seña a los taxis. En el momento siguiente, se nos explicó con gestos enfáticos decentemente pero se nos ordeno volver al final de la linea entre las barreras de hierro. De alguna manera, no la habiamos visto. 

     Un momento de vacilación, la especulación, si somos capaces de derrotar a todos. Un viejo y desesperado esfuerzo educativo de nuestros padres celebró su éxito después de todo, y nosotros mismos nos colocamos al final de la linea. Sorprendentemente, los taxis comenzaron a llegar rápidamente, uno tras otro. Singapurenses desapareciendo en su interior organizada y rápidamente. En un rato, fuimos a través de vias rapidas y, túneles, pasos inferiores y de paso elevado en la dirección del aeropuerto. 

     Tratamos de aconsejar al chofer en varias maneras, que podría ir más rápido. Que era lo mismo que si se tratara de convencer a una maquina tragamonedas para que nos diera boletos de mas. Con la única diferencia de que el taxista nos sonrió amable y educadamente. Mientras tanto, yo estaba viendo de cerca el taxímetro y contando las ultimas monedas con mi mano dentro de mi bolsillo en el mismo ritmo. Lo logramos! Hubo incluso dinero para una cerveza, que tomamos en el aeropuerto de Melbourne durante el descanso allí. Y el registro? Bueno, lo logramos en unos 20 minutos antes de embarcar. Entonces, ¿por qué tener prisa?

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